El cielo naranja como el fuego, en el ocaso de un dia que se apaga lentamente dejando paso a una noche terrible, una bandera ondeando ligeramente, nubes que marcan una cadencia sincronizada, el perfil de la ciudad se intuye en blanco y negro, con las largas torres como agujas que se clavan en el infinito desangrando el cielo, llora no de dolor, sino de aburrimiento, de tedio, de desesperanza, de llevar toda la eternidad ahí, inmovil ante los ojos de la gente, pero cambiando continuamente, como el que no se sfuerza pero todo lo consigue, sin que nadie se lo reconozca, en el anonimato.
Una ventana se abre, a través de ella una cabellera negra se asoma al borde del abismo, un libro de Balzac posado sobre una mesita de noche, inspira una vocanada de aire putrefacto de una ciudad cualquiera, dos vocanadas... se frota los ojos, vuelve a mirar el mismo paisaje que ya se conoce de memoria como una fotografía en su retina adivina todos los rincones que ésta esconde. Una botella de bourbon pide piadosamente que acaben con su vida, un trago largo, interminable, cierra los ojos y vuelve la cabeza al techo, exhala un suspiro y regresa a su lectura.
El reloj marca las 2 de la madrugada, una pareja se ama, el la rodea con sus brazos, la promete amor eterno pese a que sabe que no es capaz de amar tanto, pero no quiere decepcionarla, se siente en deuda, mañana volverá a salir el sol, otro dia vendrá que haga olvidar este, y así ¿hasta cuando?.
En la calle dos extraños se cruzan, se rozan levemente, ambos quieren decirse algo, pero una fuerza interna más fuerte que ellos se lo impide, miedo al ridiculo, a la evidencia, al rechazo, siempre nos frena, incapaces de volar más alto, de otear en conjunto, nos recluimos en nosotros mismos.
La luna se va levantando perezosamente, iluminando tenuemente la ciudad, total para lo que hay que ver mejor que se apage el cielo.
lunes 19 de octubre de 2009
martes 28 de julio de 2009
De momento abril... mañana ya veremos
En la cuarta planta, habitación 22, se amontonaban el humo, las botellas esparcidas por el suelo, las páginas arrancadas de un libro, dos trágicas soledades haciendose compañía, aunque parecían no darse por enteradas, gritos agónicos prácticamente inaudibles, colillas y retazos de una vida vivida sin mucha esperanza, unos gestos que querían decirlo todo, pero perdieron la fuerza en la sensación de haberlo perdido ya todo, en el no vale la pena, en las excusas autoimpuestas, en el costante decaer de sus miradas.
Sin saber muy bien el paso siguiente, o más bien, esperando que la vida avance por ellos, que el próximo paso sea lo que tenga que ser, ¿quién se enfrentaría a ello?, quien tenga fuerzas, pero si no hay razón para seguir, ¿de dondé sacarán las fuerzas?, los dados ruedan y el final se acerca.
Sin saber muy bien el paso siguiente, o más bien, esperando que la vida avance por ellos, que el próximo paso sea lo que tenga que ser, ¿quién se enfrentaría a ello?, quien tenga fuerzas, pero si no hay razón para seguir, ¿de dondé sacarán las fuerzas?, los dados ruedan y el final se acerca.
domingo 24 de mayo de 2009
Death Cab For Cutie - Little Bribes
El tema que abre su último EP, The Open Door, otra pedazo de canción hecha por los de Ben Gibbard, pero lo absolutamente impresionante es el viodeclip, es una jodida obra de arte, una sucesión rápida de imágenes desfilan delante de la cámara, todo utilizando la tecnología digital, y con Los Ángeles de telón de fondo, sin más pretensión que crear belleza con las imágenes y la música.
Death Cab for Cutie - Little Bribes from Ross Ching on Vimeo.
jueves 16 de abril de 2009
El cuento que nunca debió volver a empezar
Una foto en sepia, el sol apenas se deja ver, perezoso, entre las nubes, valientes ellas, cargadas de una fina lluvia.
Un parque, una banco de un parque, con un verde brillante en sus extremos, por los días vividos, por las historias ocurridas, insignificantes, grandiosas, excesivas en momentos, pero siempre recordadas por sus fugaces protagosnistas.
Al otro lado de la ciudad, dos enamorados se aman. Una cama, las cortinas cerradas, la ventana entreabierta, como el que quiere dejar ver, pero no quiere que le vean. Una gota de sudor, plomiza, cae sobre la fina piel, poros abiertos, en el ambiente una canción de Belle & Sebastian.
Cae la noche. Una farola parpaeante. Los más valientes se echan a las calles. La ciudad suena distinta, los ritmos se acoplan, incluso casi consigues seguir mi paso.
Un bar. Luces, flashes, humo. Llenas tus pulmones, te sientes vivo. Una copa, dos, tres, cuatro, ¿qué mas da, no?
Una llave intentando abrir una cerradura. Una lucha vivida muchas veces, al final vences, ¡enhorabuena!
Una cama vacía. Frío, soledad, angustia. Las paredes te estrangulan, necesitas sentir de nuevo.
Suena un despertador. Una foto en sepia, el sol apenas se deja ver, perezoso, entre las nubes, valientes ellas, cargadas de una fina lluvia.
Un parque, una banco de un parque, con un verde brillante en sus extremos, por los días vividos, por las historias ocurridas, insignificantes, grandiosas, excesivas en momentos, pero siempre recordadas por sus fugaces protagosnistas.
Al otro lado de la ciudad, dos enamorados se aman. Una cama, las cortinas cerradas, la ventana entreabierta, como el que quiere dejar ver, pero no quiere que le vean. Una gota de sudor, plomiza, cae sobre la fina piel, poros abiertos, en el ambiente una canción de Belle & Sebastian.
Cae la noche. Una farola parpaeante. Los más valientes se echan a las calles. La ciudad suena distinta, los ritmos se acoplan, incluso casi consigues seguir mi paso.
Un bar. Luces, flashes, humo. Llenas tus pulmones, te sientes vivo. Una copa, dos, tres, cuatro, ¿qué mas da, no?
Una llave intentando abrir una cerradura. Una lucha vivida muchas veces, al final vences, ¡enhorabuena!
Una cama vacía. Frío, soledad, angustia. Las paredes te estrangulan, necesitas sentir de nuevo.
Suena un despertador. Una foto en sepia, el sol apenas se deja ver, perezoso, entre las nubes, valientes ellas, cargadas de una fina lluvia.
domingo 8 de marzo de 2009
Historia de una ciudad
Dejarse llevar, agachar la vista al suelo, y ver desandar el camino marcado por los años y los gritos, alzar la vista al cielo y ver a las nubes reirse de ti, verlas pasar una tras otra con orden caótico, oteas el horizonte, y un infinito desierto de humo, aluminio y hierro se presenta como un oasis a los ojos de los sedientos. ¡Maldito desasosiego!, déjame marchar, tus embriagadores perfumes confunden mi mente, y ya no sé que camino es el mejor, si el que lleva hasta el puerto, dispuesto a zarpar en el transatlántico que nos aleje de tí, o el que lleva hasta el fondo de tu corazón, sin preguntar ni porqué.
Las luces de neón parpadeantes a la entrada del bar más mugriento que conocerás jamás, te sumerjes en él, y apagas tus ganas de sentir, en el ambiente una canción de la Velvet, suena a añejo, como el silencio de una ciudad aplastada por el peso de la historia, irremediablemente avanzando y devorando a sus hijos como un saturno en celo. Súbitamente te ves arrojado a la calle de nuevo, la náusea se te presenta en su más pura crudeza, que ni Antoine Roquetin pudo anticipar. Ondeas bandera blanca, pero los espectros de la noche no saben de treguas, ni de tiempos muertos, y como bajes la guardia un segundo te ves engullido sin remisión.
Consiges salir de esa vorágine que arrasa con todo por donde pasa, abatido afrontas la vuelta al mañana, arrogante y descarado, demasiado para tu inseparable debilidad y tu cobardía. Te arrastras por el suelo, entre miradas perdidas, te abrazas a tu soledad, la única que te es fiel, y te ves muy pequeño, no lo entiendes del todo, pero aún así debes continuar jugando al azar, incluso con la certeza de ser un perdedor, ése es tu estigma, es tu destino... dejarte llevar.
Vetusta Morla - Otro día en el mundo
Las luces de neón parpadeantes a la entrada del bar más mugriento que conocerás jamás, te sumerjes en él, y apagas tus ganas de sentir, en el ambiente una canción de la Velvet, suena a añejo, como el silencio de una ciudad aplastada por el peso de la historia, irremediablemente avanzando y devorando a sus hijos como un saturno en celo. Súbitamente te ves arrojado a la calle de nuevo, la náusea se te presenta en su más pura crudeza, que ni Antoine Roquetin pudo anticipar. Ondeas bandera blanca, pero los espectros de la noche no saben de treguas, ni de tiempos muertos, y como bajes la guardia un segundo te ves engullido sin remisión.
Consiges salir de esa vorágine que arrasa con todo por donde pasa, abatido afrontas la vuelta al mañana, arrogante y descarado, demasiado para tu inseparable debilidad y tu cobardía. Te arrastras por el suelo, entre miradas perdidas, te abrazas a tu soledad, la única que te es fiel, y te ves muy pequeño, no lo entiendes del todo, pero aún así debes continuar jugando al azar, incluso con la certeza de ser un perdedor, ése es tu estigma, es tu destino... dejarte llevar.
Vetusta Morla - Otro día en el mundo
miércoles 4 de febrero de 2009
Time to dance
Se acerca el tiempo de bailar!! quién me acompaña a la pista? o a la playa a escuchar la música que sale de nuestras cabezas, a sentir la arena levantarse a nuestro ritmo, pinchate a Franz Ferdinand o a Panic! at the disco, si prefieres más movimiento ponte el de LCD, da igual, solo olvida y muevete!! si nos vemos rodeados de giris, beberemos para ignorarlo, pásame la cervecita que me siento cansado y he de reponer energías, que la noche es muy larga, y me quedan muchos estribillos por corear...
Are we human or are we dancer?
My sign is vital, my hands are cold
And I'm on my knees looking for the answer
Are we human or are we dancer?
Welcome to... Broken hearts parade!!!
Are we human or are we dancer?
My sign is vital, my hands are cold
And I'm on my knees looking for the answer
Are we human or are we dancer?
Welcome to... Broken hearts parade!!!
viernes 12 de diciembre de 2008
La derrota del que no puede ni llorar
En los albores de su existencia, Sofía miraba con ojos apagados por el tiempo y el olvido, el precipicio que la separaba de su amor eterno; una repentina enfermedad se lo había llevado de su lado, maldecía cada segundo que era incapaz de hacer algo para remediarlo, creía que le estaba fallando, que tenía que reunirse con él, que su destino era estar juntos.
Nadie fue capaz de hacerla recapacitar, de decirla que no todo se había acabado, que bajo su rostro maltratado por la dureza de la vida, latía una belleza ingenua, de las que pasan los días sin saber de ello.
Poco a poco se fue sumiendo más y más en su oscuridad, que la fue haciendo presa de sus propios miedos, no pudo volver a amar sin sentirse una traidora por ello, no pudo alzar la voz más allá de su temor, su quebradiza presencia se desmoronaba cada día a pasos más acelerados, ¿quién iba a poder alargarla un brazo para que no se hundiese en la cienaga de la soledad y el miedo?
Un sutil golpe en la puerta sonó a su espalda, con el mismo gesto desencajado de siempre, se dirigió a abrir y afrontar la visión de la luz del día, de la que huía como si padeciese fotofobia, abrió un resquicio de la puerta, un haz de luz se descolgó iluminando una fina línea del sucio suelo agrietado de la casa de Sofía. Con una voz inaudible preguntó quién era, desde el otro lado de la puerta, una voz amigable la indicó que ya sabía quien era, al que había estado esperando tanto tiempo, era con lo que había soñado, era el único que le aseguraba un segundo de libertad, de verse liberada de sus ataduras y sus temores paralizantes, por fin había una respuesta a sus súplicas más internas, que ni ella misma conocía del todo.
La figura del otro lado le tendió la mano sincera, sin reproches, condescendiente incluso, sabedor de las debilidades de su acompañante, y Sofía, le sujetó la mano con firmeza, con una fuerza que antaño poseía, pero que había perdido como la luz que iluminaba su rostro en los tiempos de vino y rosas, ahora todo aquello era un sucio espejismo, que amartilleaba una y mil veces su conciencia; pero estaba dispuesta a superarlo junto a aquella presencia que la asía la mano. Dió un paso y abandonó la frialdad de su hogar, el sol se posó en sus mejillas, su mirada se dirigió al cielo, sin comprender qué era todo aquel azul infinito, las gotas de rocio se posaban suavemente en sus pies descalzos, y una oleada de aire fresco peinó su cabello, entonces una sonrisa amarga se dibujó en su rostro, una sonrisa del que sabe lo que pasa, del que ha encontrado sentido a lo que buscaba, del conocedor de su futuro durante un segundo. Tiró por la borda todos sus reproches hacia ella misma, el miedo se fue evaporando, la mano que la sujetaba fue perdiendo fuerza y por fin hizo lo que sabía que tenía que hacer, saltó al precipicio, mientras caía, hasta las rocas y el mar que cubrían el fondo del acantilado, una visión clara se la apareció, la invitaba a quedarse y descubrir nuevas cosas, pero ya era demasiado tarde, es imposible agarrarse a la vida en una caída de 100 metros.
Al final, Sofía perdió, no supo leer las treguas que nos da la vida.
Belle and Sebastian - Is it wicked not to care
Nadie fue capaz de hacerla recapacitar, de decirla que no todo se había acabado, que bajo su rostro maltratado por la dureza de la vida, latía una belleza ingenua, de las que pasan los días sin saber de ello.
Poco a poco se fue sumiendo más y más en su oscuridad, que la fue haciendo presa de sus propios miedos, no pudo volver a amar sin sentirse una traidora por ello, no pudo alzar la voz más allá de su temor, su quebradiza presencia se desmoronaba cada día a pasos más acelerados, ¿quién iba a poder alargarla un brazo para que no se hundiese en la cienaga de la soledad y el miedo?
Un sutil golpe en la puerta sonó a su espalda, con el mismo gesto desencajado de siempre, se dirigió a abrir y afrontar la visión de la luz del día, de la que huía como si padeciese fotofobia, abrió un resquicio de la puerta, un haz de luz se descolgó iluminando una fina línea del sucio suelo agrietado de la casa de Sofía. Con una voz inaudible preguntó quién era, desde el otro lado de la puerta, una voz amigable la indicó que ya sabía quien era, al que había estado esperando tanto tiempo, era con lo que había soñado, era el único que le aseguraba un segundo de libertad, de verse liberada de sus ataduras y sus temores paralizantes, por fin había una respuesta a sus súplicas más internas, que ni ella misma conocía del todo.
La figura del otro lado le tendió la mano sincera, sin reproches, condescendiente incluso, sabedor de las debilidades de su acompañante, y Sofía, le sujetó la mano con firmeza, con una fuerza que antaño poseía, pero que había perdido como la luz que iluminaba su rostro en los tiempos de vino y rosas, ahora todo aquello era un sucio espejismo, que amartilleaba una y mil veces su conciencia; pero estaba dispuesta a superarlo junto a aquella presencia que la asía la mano. Dió un paso y abandonó la frialdad de su hogar, el sol se posó en sus mejillas, su mirada se dirigió al cielo, sin comprender qué era todo aquel azul infinito, las gotas de rocio se posaban suavemente en sus pies descalzos, y una oleada de aire fresco peinó su cabello, entonces una sonrisa amarga se dibujó en su rostro, una sonrisa del que sabe lo que pasa, del que ha encontrado sentido a lo que buscaba, del conocedor de su futuro durante un segundo. Tiró por la borda todos sus reproches hacia ella misma, el miedo se fue evaporando, la mano que la sujetaba fue perdiendo fuerza y por fin hizo lo que sabía que tenía que hacer, saltó al precipicio, mientras caía, hasta las rocas y el mar que cubrían el fondo del acantilado, una visión clara se la apareció, la invitaba a quedarse y descubrir nuevas cosas, pero ya era demasiado tarde, es imposible agarrarse a la vida en una caída de 100 metros.
Al final, Sofía perdió, no supo leer las treguas que nos da la vida.
Belle and Sebastian - Is it wicked not to care
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sábado 1 de noviembre de 2008
Entre rosas marchitas y canciones de pop
Eran como dos extraños, se conocían tanto que habían dejado de conocerse, sus miradas solo se cruzaban de casualidad, la lijera brisa que soplaba por la ventana a medio cerrar, se llevaba sus miradas lejos, muy lejos, a donde las dudas se amontonan y se antojan certezas.
Sus llantos, enfermos de esconderse, la estaban comiendo por dentro, se la había olvidado llorar, cuando una vez quisieron brotar unas lagrimas, salieron gotas de sangre acompañadas de cristales.
La cabeza entre las piernas, las rodillas cerca de las orejas, infinitos cd's de pop triste y melancólico te daban la bienvenida, marcando el camino hasta la rosa marchita que se escapaba de sus manos, cayendo al suelo con un estruendo sordo, pero que en su cabeza sonó como cien kilos de plomo aplastándola.
La rutina la llevó hasta la bañera llena de espuma, le rezaba a Dios para que la diese fuerzas para acabar con su vida, pero otro día más sus plegaria fueron ignoradas. Se pintó la cara, se tapó las marcas que la vida y el alcohol habían dejado en ella; se volvía loca esperando, siempre esperando, esperaba el mañana pero sin más ilusión que una cuenta atrás, contando cada segundo para que su mísera existencia se extinguiese, pero ni en eso consigió ganar, era una perdedora, ¡cómo olvidarlo! si no hacían más que repetírselo, acabó por creérselo. Sus fuerzas y su incógnita belleza finalmente se apagaron, era una sombra andante, sin levantar ni pena a su paso, vivía escondida en su amargura, en la amargura que él la obligó a adoptar, era su única compañía fiel, la única que sabía sus penas, nadie más se preocupó de ella.
Un mañana cualquiera, se levantó de nuevo, del lado de su soga, se miró al espejo como hacía siempre, ¡pero algo había cambiado!, su reflejo le sonreía, con una mueca de superioridad inusitada, se inquietó un segundo, aunque parecío que el mundo se había parado, creyó recordar por un momento aquel tiempo en que fue feliz, ni ella misma se lo imaginaba, ¡había tenido buenos momentos!, aunque nublados y descoloridos existían. Decidió, entonces, que era el momento, que había que cambiar algo para acabar con ese dolor enfermo que la comía desde hace ni se acuerda, fue a la cocina y abrió un cajón donde estaban los cuchillos, con los que había tratado de matar su pena. Asió uno con sus dos manos pequeñas y débiles, y en un acto de valentía acabó con la soga que la ahorcaba la respiración, hinchó sus pulmones de sangre, y en un alarido final abrió los ojos y perdió su mirada en ella, ni en esta fatal ocasión fueron capaces sus miradas de mirarse.
Finalmente nuestra antiheroína recobró su beleza y su fuerza en ella misma, sabía que había acabado con su mal, ¿cómo la miraría ahora la gente?, pues como siempre, de manera insignificante, con miedo en sus ojos, pero ahora a ella la daba igual, éso era su mayor lección, no necesitaba de nadie, ella solita, era capaz de hacerse con su vida, algo que muy pocas personas logran hacer.
Death Cab For Cutie - What Sarah Said
Sus llantos, enfermos de esconderse, la estaban comiendo por dentro, se la había olvidado llorar, cuando una vez quisieron brotar unas lagrimas, salieron gotas de sangre acompañadas de cristales.
La cabeza entre las piernas, las rodillas cerca de las orejas, infinitos cd's de pop triste y melancólico te daban la bienvenida, marcando el camino hasta la rosa marchita que se escapaba de sus manos, cayendo al suelo con un estruendo sordo, pero que en su cabeza sonó como cien kilos de plomo aplastándola.
La rutina la llevó hasta la bañera llena de espuma, le rezaba a Dios para que la diese fuerzas para acabar con su vida, pero otro día más sus plegaria fueron ignoradas. Se pintó la cara, se tapó las marcas que la vida y el alcohol habían dejado en ella; se volvía loca esperando, siempre esperando, esperaba el mañana pero sin más ilusión que una cuenta atrás, contando cada segundo para que su mísera existencia se extinguiese, pero ni en eso consigió ganar, era una perdedora, ¡cómo olvidarlo! si no hacían más que repetírselo, acabó por creérselo. Sus fuerzas y su incógnita belleza finalmente se apagaron, era una sombra andante, sin levantar ni pena a su paso, vivía escondida en su amargura, en la amargura que él la obligó a adoptar, era su única compañía fiel, la única que sabía sus penas, nadie más se preocupó de ella.
Un mañana cualquiera, se levantó de nuevo, del lado de su soga, se miró al espejo como hacía siempre, ¡pero algo había cambiado!, su reflejo le sonreía, con una mueca de superioridad inusitada, se inquietó un segundo, aunque parecío que el mundo se había parado, creyó recordar por un momento aquel tiempo en que fue feliz, ni ella misma se lo imaginaba, ¡había tenido buenos momentos!, aunque nublados y descoloridos existían. Decidió, entonces, que era el momento, que había que cambiar algo para acabar con ese dolor enfermo que la comía desde hace ni se acuerda, fue a la cocina y abrió un cajón donde estaban los cuchillos, con los que había tratado de matar su pena. Asió uno con sus dos manos pequeñas y débiles, y en un acto de valentía acabó con la soga que la ahorcaba la respiración, hinchó sus pulmones de sangre, y en un alarido final abrió los ojos y perdió su mirada en ella, ni en esta fatal ocasión fueron capaces sus miradas de mirarse.
Finalmente nuestra antiheroína recobró su beleza y su fuerza en ella misma, sabía que había acabado con su mal, ¿cómo la miraría ahora la gente?, pues como siempre, de manera insignificante, con miedo en sus ojos, pero ahora a ella la daba igual, éso era su mayor lección, no necesitaba de nadie, ella solita, era capaz de hacerse con su vida, algo que muy pocas personas logran hacer.
Death Cab For Cutie - What Sarah Said
sábado 20 de septiembre de 2008
La balada del valle
Cuando el mercurio marcaba 10ºC, con el cielo insultantemente azul, las nubes ni se atrevían a seguir sus pasos, pues nadie sabía a donde se dirigía. Su única compañía eran un abrigo hecho jirones, un gorro calado hasta cubrir las orejas lijeramente picudas que siempre le habían hecho parecer un pequeño elfo, con sus mejillas sonrosadas y su alma reposada y sosegada, que daba la sensación que nadie podía perturbar, algunos decían que era puro egoísmo, que no se conmovía por nada, ni por nadie, pero él sabía la verdad, y que estaba muy lejos, fuera de los montes de su pueblo; también le acompañaban en su búsqueda H.P Lovecraft, Mary Shelley y un viejo ejemplar, con faltas de tinta que el tiempo se había empeñado en robar, de "el tonel de amontillado".
Los más viejos del lugar no recordaban a nadie que hubiese tenído la osadía de abandonar las montañas que cierran el valle, nadie se había atrevido a desandar el camino, a cruzar el rubicón mirando a la Galia, ni siquiera se habían planteado que había más allá de sus verdes prados; pero daba igual, él estaba dispuesto a enfrentar frios heladores, que paralizan hasta el corazón más ardiente; a perderse en bosques laberínticos, que si bien no habitaba un minotauro en ellos, podían hacer enloquecer a los más sensatos y cuerdos; a sumergirse en ríos cristalinos que cortan hasta la esperanza de los más idiotas... nada ni nadie, ni Dioses, ni humanos le disuadirían de su empeño. Andó parajes desérticos, durmió sobre piedras, venció mil y un monstruos como los héroes de sus amadas novelas caballerescas, trepó por torres rescatando princesas. Mas adelante se encontró con personas, no muy distintas a las que había dejado en su valle, pero no se rindió, sabía que podía haber perspectivas más favorables, y no estaba equivocado, fue reclutando gente, que se unían voluntariamente a su huída, gente que compartía su enfermiza pasión por los libros, por la libertad, por Oscar Wilde.
Juntos continuaron penurias, vivieron aventuras intrascendentes pero preciosas, vieron la luz del sol reflejada en el mar, al principio era solo un leve y tenue, pero según avanzaban se hacía mas poderosa y cautivadora; lo vieron claro, eso era lo que buscaban durante tanto tiempo sin saberlo, hecharon a correr hasta el precipicio que les separaba de la eternidad y saltaron.
Años después, corren las leyendas de estos chicos, locos para la mayoría, heroes para los locos, en su valle no se volvió a hablar de aquel muchacho desgraciado que prefirió la sal del mar y las piedras del camino, a la comodidad de su celda. Las huellas de su marcha las borró el viento y los años. Nadié sabrá con certeza nunca, si aquel pequeño soñador existió alguna vez o si son historias que se cuenta a los niños; la mayoría, evidentemente, cree que no existió, pues admitir lo contrario sería renunciar a lo que creen que son, pero siempre habrá encantadores locos que se echen al camino, llamados por las viejas leyendas a desandar lo andado, a plantarle cara a la corriente del río... éstos son los que convierten la leyenda en realidad.
Sigur Ros - Glósóli
Los más viejos del lugar no recordaban a nadie que hubiese tenído la osadía de abandonar las montañas que cierran el valle, nadie se había atrevido a desandar el camino, a cruzar el rubicón mirando a la Galia, ni siquiera se habían planteado que había más allá de sus verdes prados; pero daba igual, él estaba dispuesto a enfrentar frios heladores, que paralizan hasta el corazón más ardiente; a perderse en bosques laberínticos, que si bien no habitaba un minotauro en ellos, podían hacer enloquecer a los más sensatos y cuerdos; a sumergirse en ríos cristalinos que cortan hasta la esperanza de los más idiotas... nada ni nadie, ni Dioses, ni humanos le disuadirían de su empeño. Andó parajes desérticos, durmió sobre piedras, venció mil y un monstruos como los héroes de sus amadas novelas caballerescas, trepó por torres rescatando princesas. Mas adelante se encontró con personas, no muy distintas a las que había dejado en su valle, pero no se rindió, sabía que podía haber perspectivas más favorables, y no estaba equivocado, fue reclutando gente, que se unían voluntariamente a su huída, gente que compartía su enfermiza pasión por los libros, por la libertad, por Oscar Wilde.
Juntos continuaron penurias, vivieron aventuras intrascendentes pero preciosas, vieron la luz del sol reflejada en el mar, al principio era solo un leve y tenue, pero según avanzaban se hacía mas poderosa y cautivadora; lo vieron claro, eso era lo que buscaban durante tanto tiempo sin saberlo, hecharon a correr hasta el precipicio que les separaba de la eternidad y saltaron.
Años después, corren las leyendas de estos chicos, locos para la mayoría, heroes para los locos, en su valle no se volvió a hablar de aquel muchacho desgraciado que prefirió la sal del mar y las piedras del camino, a la comodidad de su celda. Las huellas de su marcha las borró el viento y los años. Nadié sabrá con certeza nunca, si aquel pequeño soñador existió alguna vez o si son historias que se cuenta a los niños; la mayoría, evidentemente, cree que no existió, pues admitir lo contrario sería renunciar a lo que creen que son, pero siempre habrá encantadores locos que se echen al camino, llamados por las viejas leyendas a desandar lo andado, a plantarle cara a la corriente del río... éstos son los que convierten la leyenda en realidad.
Sigur Ros - Glósóli
lunes 25 de agosto de 2008
¿Qué nos queda?

Nos queda todo lo que no nos han robado, lo que aún florece en nuestro recuerdo; nos queda Sgt. Pepper e infinitas calles de amor; nos queda Suzanne y un largo camino hasta la Prisión de Folsom; nos queda Tom Waits, Bob Dylan y Woodie Guthrie; nos queda todo aquello que el viento olvidó en algún rincón; nos quedan cuentos que nadie contó; nos queda Manhattan y las lluviosas tardes de Dublín; nos queda Casblanca y La Balada de Cable Hogue; nos queda el agua encontrada donde no hay agua, la nieve en los tejados de Stars Hollow; nos queda nuestro paraiso particular, que está rodeado del muro de Pink Floyd, hecho de ladrillos de Poe y Dickens; nos queda Leonard Cohen, Ella Fizgerald y un saxofón para los días de vino y rosas; nos queda Jean Seberg esperándonos al final de la escapada; nos quedan el reichstag en llamas y la plaza roja sin banderas; nos quedan Antonioni y Bergman; nos queda el Che en tu camiseta de baratillo y Marcos sin voz en la selva; nos quedan las causas perdidas y una fe ciega en el rock; nos queda la derrota de los que ya sabíamos que íbamos a perder; a ellos les quedará su día de la victoria, a nosotros, muertos en las cunetas; nos queda Firenze y París; nos queda La isla del tesoro y un tesoro entrerrado donde tú sólo sabes; nos queda un corazón enorme y un vacío inmenso que llenar; nos queda la barra del bar, una pasión imquebrantable y la anteúltima cerveza que tomar; nos queda Ennio Morricone y el halcón maltés; nos quedan muchos motivos aún no expuestos; nos quedan los Pixies, Wilco y Arab Strap; nos queda tu guitarra y notas en el aire; nos queda el Country y tus pintas de sureño; nos queda Hemingway, John Ford, Jimi Hendrix y Bessie Smith; nos quedan los adjetivos elocuentes y la pedantería de lo francés; nos quedan un millón de preguntas sin hacer y la vergüenza de los timidos; nos queda el silencio, el frío paralizante, la lluvia y el chocolate con churros; nos quedan los días de invierno y las noches de verano; nos quedan los Doors, la casa del sol naciente, y tú perdida en los pinos donde el sol nunca brilla; nos quedan las olas de California y una canción de los Beach Boys; nos queda el Malecón de la Habana y un puro de realidad; nos queda Blade Runner, Alphaville, Citizen Kane y la plaza de Tian'anmen; nos quedan mil fotografía por hacer y una historia que contar; nos queda Palmira y un desierto deseando contarte la verdad; nos queda mucho por caminar, el estruendo imposible, el polvo en los pies, las suelas desgastadas, los nervios del día antes, las decepciones del día después; nos queda lo que tú quieras que nos quede... en fin, nos quedan las canciones de Johnny Cash.
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