Una foto en sepia, el sol apenas se deja ver, perezoso, entre las nubes, valientes ellas, cargadas de una fina lluvia.
Un parque, una banco de un parque, con un verde brillante en sus extremos, por los días vividos, por las historias ocurridas, insignificantes, grandiosas, excesivas en momentos, pero siempre recordadas por sus fugaces protagosnistas.
Al otro lado de la ciudad, dos enamorados se aman. Una cama, las cortinas cerradas, la ventana entreabierta, como el que quiere dejar ver, pero no quiere que le vean. Una gota de sudor, plomiza, cae sobre la fina piel, poros abiertos, en el ambiente una canción de Belle & Sebastian.
Cae la noche. Una farola parpaeante. Los más valientes se echan a las calles. La ciudad suena distinta, los ritmos se acoplan, incluso casi consigues seguir mi paso.
Un bar. Luces, flashes, humo. Llenas tus pulmones, te sientes vivo. Una copa, dos, tres, cuatro, ¿qué mas da, no?
Una llave intentando abrir una cerradura. Una lucha vivida muchas veces, al final vences, ¡enhorabuena!
Una cama vacía. Frío, soledad, angustia. Las paredes te estrangulan, necesitas sentir de nuevo.
Suena un despertador. Una foto en sepia, el sol apenas se deja ver, perezoso, entre las nubes, valientes ellas, cargadas de una fina lluvia.
jueves 16 de abril de 2009
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1 comentarios:
Siempre he pensando que la lluvia hacia en vez de gris el día, lo hacía transparente. Es como cuando vas andando por la calle y te cae la primera gota... inevitablemente en vez de mirar al suelo, donde la lluvia deja huella, miras al cielo, como si esperabamos ver eso que no se ve pero que sabes que está ahi, no necesariamente una nube gris siempre llora. Incluso pueden tener la función de esconder de vez en cuando al sol, lo esconden para que no te olvides de él.
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