domingo 8 de marzo de 2009

Historia de una ciudad

Dejarse llevar, agachar la vista al suelo, y ver desandar el camino marcado por los años y los gritos, alzar la vista al cielo y ver a las nubes reirse de ti, verlas pasar una tras otra con orden caótico, oteas el horizonte, y un infinito desierto de humo, aluminio y hierro se presenta como un oasis a los ojos de los sedientos. ¡Maldito desasosiego!, déjame marchar, tus embriagadores perfumes confunden mi mente, y ya no sé que camino es el mejor, si el que lleva hasta el puerto, dispuesto a zarpar en el transatlántico que nos aleje de tí, o el que lleva hasta el fondo de tu corazón, sin preguntar ni porqué.
Las luces de neón parpadeantes a la entrada del bar más mugriento que conocerás jamás, te sumerjes en él, y apagas tus ganas de sentir, en el ambiente una canción de la Velvet, suena a añejo, como el silencio de una ciudad aplastada por el peso de la historia, irremediablemente avanzando y devorando a sus hijos como un saturno en celo. Súbitamente te ves arrojado a la calle de nuevo, la náusea se te presenta en su más pura crudeza, que ni Antoine Roquetin pudo anticipar. Ondeas bandera blanca, pero los espectros de la noche no saben de treguas, ni de tiempos muertos, y como bajes la guardia un segundo te ves engullido sin remisión.
Consiges salir de esa vorágine que arrasa con todo por donde pasa, abatido afrontas la vuelta al mañana, arrogante y descarado, demasiado para tu inseparable debilidad y tu cobardía. Te arrastras por el suelo, entre miradas perdidas, te abrazas a tu soledad, la única que te es fiel, y te ves muy pequeño, no lo entiendes del todo, pero aún así debes continuar jugando al azar, incluso con la certeza de ser un perdedor, ése es tu estigma, es tu destino... dejarte llevar.

Vetusta Morla - Otro día en el mundo

1 comentarios:

Anuska dijo...

El dejarte llevar es el destino inesperado... como un naufrago de la vida. No se trata de planear las paradas si no de descubrirlas...