sábado 1 de noviembre de 2008

Entre rosas marchitas y canciones de pop

Eran como dos extraños, se conocían tanto que habían dejado de conocerse, sus miradas solo se cruzaban de casualidad, la lijera brisa que soplaba por la ventana a medio cerrar, se llevaba sus miradas lejos, muy lejos, a donde las dudas se amontonan y se antojan certezas.
Sus llantos, enfermos de esconderse, la estaban comiendo por dentro, se la había olvidado llorar, cuando una vez quisieron brotar unas lagrimas, salieron gotas de sangre acompañadas de cristales.
La cabeza entre las piernas, las rodillas cerca de las orejas, infinitos cd's de pop triste y melancólico te daban la bienvenida, marcando el camino hasta la rosa marchita que se escapaba de sus manos, cayendo al suelo con un estruendo sordo, pero que en su cabeza sonó como cien kilos de plomo aplastándola.
La rutina la llevó hasta la bañera llena de espuma, le rezaba a Dios para que la diese fuerzas para acabar con su vida, pero otro día más sus plegaria fueron ignoradas. Se pintó la cara, se tapó las marcas que la vida y el alcohol habían dejado en ella; se volvía loca esperando, siempre esperando, esperaba el mañana pero sin más ilusión que una cuenta atrás, contando cada segundo para que su mísera existencia se extinguiese, pero ni en eso consigió ganar, era una perdedora, ¡cómo olvidarlo! si no hacían más que repetírselo, acabó por creérselo. Sus fuerzas y su incógnita belleza finalmente se apagaron, era una sombra andante, sin levantar ni pena a su paso, vivía escondida en su amargura, en la amargura que él la obligó a adoptar, era su única compañía fiel, la única que sabía sus penas, nadie más se preocupó de ella.
Un mañana cualquiera, se levantó de nuevo, del lado de su soga, se miró al espejo como hacía siempre, ¡pero algo había cambiado!, su reflejo le sonreía, con una mueca de superioridad inusitada, se inquietó un segundo, aunque parecío que el mundo se había parado, creyó recordar por un momento aquel tiempo en que fue feliz, ni ella misma se lo imaginaba, ¡había tenido buenos momentos!, aunque nublados y descoloridos existían. Decidió, entonces, que era el momento, que había que cambiar algo para acabar con ese dolor enfermo que la comía desde hace ni se acuerda, fue a la cocina y abrió un cajón donde estaban los cuchillos, con los que había tratado de matar su pena. Asió uno con sus dos manos pequeñas y débiles, y en un acto de valentía acabó con la soga que la ahorcaba la respiración, hinchó sus pulmones de sangre, y en un alarido final abrió los ojos y perdió su mirada en ella, ni en esta fatal ocasión fueron capaces sus miradas de mirarse.
Finalmente nuestra antiheroína recobró su beleza y su fuerza en ella misma, sabía que había acabado con su mal, ¿cómo la miraría ahora la gente?, pues como siempre, de manera insignificante, con miedo en sus ojos, pero ahora a ella la daba igual, éso era su mayor lección, no necesitaba de nadie, ella solita, era capaz de hacerse con su vida, algo que muy pocas personas logran hacer.

Death Cab For Cutie - What Sarah Said

3 comentarios:

Anuska dijo...

No hay mejor remedio que nosotros mismos.. todo vuela en nuestra cabeza... en nuestra conciencia.

Me encanta el video! Excelente

David C. dijo...

esas palabras de anuska: no hay mejor remedio que nosotros mismos resume la historia, es más la historia de todos.

PCPI 2 dijo...

ei que pasa soy el del foro de maneras?esta bastante de puta madre el blog si

bueno ya sabes si quieres pasarte:

http://www.lacoctelera.com/elblogdelrock

http://pcpi2.blogspot.com/

vegna tio un saludo