Cuando el mercurio marcaba 10ºC, con el cielo insultantemente azul, las nubes ni se atrevían a seguir sus pasos, pues nadie sabía a donde se dirigía. Su única compañía eran un abrigo hecho jirones, un gorro calado hasta cubrir las orejas lijeramente picudas que siempre le habían hecho parecer un pequeño elfo, con sus mejillas sonrosadas y su alma reposada y sosegada, que daba la sensación que nadie podía perturbar, algunos decían que era puro egoísmo, que no se conmovía por nada, ni por nadie, pero él sabía la verdad, y que estaba muy lejos, fuera de los montes de su pueblo; también le acompañaban en su búsqueda H.P Lovecraft, Mary Shelley y un viejo ejemplar, con faltas de tinta que el tiempo se había empeñado en robar, de "el tonel de amontillado".
Los más viejos del lugar no recordaban a nadie que hubiese tenído la osadía de abandonar las montañas que cierran el valle, nadie se había atrevido a desandar el camino, a cruzar el rubicón mirando a la Galia, ni siquiera se habían planteado que había más allá de sus verdes prados; pero daba igual, él estaba dispuesto a enfrentar frios heladores, que paralizan hasta el corazón más ardiente; a perderse en bosques laberínticos, que si bien no habitaba un minotauro en ellos, podían hacer enloquecer a los más sensatos y cuerdos; a sumergirse en ríos cristalinos que cortan hasta la esperanza de los más idiotas... nada ni nadie, ni Dioses, ni humanos le disuadirían de su empeño. Andó parajes desérticos, durmió sobre piedras, venció mil y un monstruos como los héroes de sus amadas novelas caballerescas, trepó por torres rescatando princesas. Mas adelante se encontró con personas, no muy distintas a las que había dejado en su valle, pero no se rindió, sabía que podía haber perspectivas más favorables, y no estaba equivocado, fue reclutando gente, que se unían voluntariamente a su huída, gente que compartía su enfermiza pasión por los libros, por la libertad, por Oscar Wilde.
Juntos continuaron penurias, vivieron aventuras intrascendentes pero preciosas, vieron la luz del sol reflejada en el mar, al principio era solo un leve y tenue, pero según avanzaban se hacía mas poderosa y cautivadora; lo vieron claro, eso era lo que buscaban durante tanto tiempo sin saberlo, hecharon a correr hasta el precipicio que les separaba de la eternidad y saltaron.
Años después, corren las leyendas de estos chicos, locos para la mayoría, heroes para los locos, en su valle no se volvió a hablar de aquel muchacho desgraciado que prefirió la sal del mar y las piedras del camino, a la comodidad de su celda. Las huellas de su marcha las borró el viento y los años. Nadié sabrá con certeza nunca, si aquel pequeño soñador existió alguna vez o si son historias que se cuenta a los niños; la mayoría, evidentemente, cree que no existió, pues admitir lo contrario sería renunciar a lo que creen que son, pero siempre habrá encantadores locos que se echen al camino, llamados por las viejas leyendas a desandar lo andado, a plantarle cara a la corriente del río... éstos son los que convierten la leyenda en realidad.
Sigur Ros - Glósóli
sábado 20 de septiembre de 2008
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1 comentarios:
Qué hay del proceso contrario?no es vida lo que está encerrado entre las páginas, es artificial...
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