
Nos queda todo lo que no nos han robado, lo que aún florece en nuestro recuerdo; nos queda Sgt. Pepper e infinitas calles de amor; nos queda Suzanne y un largo camino hasta la Prisión de Folsom; nos queda Tom Waits, Bob Dylan y Woodie Guthrie; nos queda todo aquello que el viento olvidó en algún rincón; nos quedan cuentos que nadie contó; nos queda Manhattan y las lluviosas tardes de Dublín; nos queda Casblanca y La Balada de Cable Hogue; nos queda el agua encontrada donde no hay agua, la nieve en los tejados de Stars Hollow; nos queda nuestro paraiso particular, que está rodeado del muro de Pink Floyd, hecho de ladrillos de Poe y Dickens; nos queda Leonard Cohen, Ella Fizgerald y un saxofón para los días de vino y rosas; nos queda Jean Seberg esperándonos al final de la escapada; nos quedan el reichstag en llamas y la plaza roja sin banderas; nos quedan Antonioni y Bergman; nos queda el Che en tu camiseta de baratillo y Marcos sin voz en la selva; nos quedan las causas perdidas y una fe ciega en el rock; nos queda la derrota de los que ya sabíamos que íbamos a perder; a ellos les quedará su día de la victoria, a nosotros, muertos en las cunetas; nos queda Firenze y París; nos queda La isla del tesoro y un tesoro entrerrado donde tú sólo sabes; nos queda un corazón enorme y un vacío inmenso que llenar; nos queda la barra del bar, una pasión imquebrantable y la anteúltima cerveza que tomar; nos queda Ennio Morricone y el halcón maltés; nos quedan muchos motivos aún no expuestos; nos quedan los Pixies, Wilco y Arab Strap; nos queda tu guitarra y notas en el aire; nos queda el Country y tus pintas de sureño; nos queda Hemingway, John Ford, Jimi Hendrix y Bessie Smith; nos quedan los adjetivos elocuentes y la pedantería de lo francés; nos quedan un millón de preguntas sin hacer y la vergüenza de los timidos; nos queda el silencio, el frío paralizante, la lluvia y el chocolate con churros; nos quedan los días de invierno y las noches de verano; nos quedan los Doors, la casa del sol naciente, y tú perdida en los pinos donde el sol nunca brilla; nos quedan las olas de California y una canción de los Beach Boys; nos queda el Malecón de la Habana y un puro de realidad; nos queda Blade Runner, Alphaville, Citizen Kane y la plaza de Tian'anmen; nos quedan mil fotografía por hacer y una historia que contar; nos queda Palmira y un desierto deseando contarte la verdad; nos queda mucho por caminar, el estruendo imposible, el polvo en los pies, las suelas desgastadas, los nervios del día antes, las decepciones del día después; nos queda lo que tú quieras que nos quede... en fin, nos quedan las canciones de Johnny Cash.
2 comentarios:
Nos queda soñar despiertos y hablar dormidos.
¿Sabes? me ha parecido genial.
Welcome ;)
A mi me queda siempre poso, pero no consigo recordar que había en esa puñetera taza. Espero que nos queden todas esas cosas que dices, realmente lo espero.
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